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Alberto y el Vacio.

Y ¿ahora qué? El vacío existencial

Y ¿ahora qué? me decía Alberto nada más entrar en mi consulta. Era su manera de expresar su vacío existencial.

Terminé mis estudios, me casé, tuve hijos, hicieron la comunión, fuimos a Eurodisney, pagué sus carreras, me compré una barquita que saco cuando voy de vacaciones a Galicia, conseguí ser director del departamento y ¿ahora qué? , y ¿ahora qué?

Alberto no estaba deprimido. Tampoco le faltaba nada importante. Había conseguido muchas de las cosas que durante años se había propuesto. Sin embargo, sentía una sensación difícil de explicar y sólo lo trasladaba con el y ¿ahora qué?. Era una especie de vacío interior que no sabía como explicarlo. Como si hubiera pasado gran parte de su vida corriendo hacia algún lugar y al llegar, descubriera que aquello que esperaba encontrar no estaba allí.

Y no es el único.

Cada vez más personas llegan a consulta con esa misma pregunta. Han alcanzado metas, han cumplido expectativas, han construido una vida de la que deberían sentirse orgullosas y aun así, sienten un vacío que no saben cómo llenar.

La trampa de vivir persiguiendo metas y sentirse vacío

Vivimos en una especie de competición por encontrar el reconocimiento social, la forma de conseguir más bienes materiales, por llegar más lejos, por ser los superhéroes en nuestra profesión, también salvadores de nuestros amigos, familias, mascotas… y dejamos de enfocarnos en lo más valioso que tenemos, nosotros mismos.

El problema es que cada día es como si tuviéramos que enfrentarnos ante algo. No me refiero solo al contexto laboral, sino también a cómo nos relacionamos con los hobbies, el deporte, los planes con amigos o incluso el descanso.

Por todos los lados nos bombardean con información interesante que, sin darnos cuenta, nos pone en un estado de alerta y tensión porque esa información nos activa una nueva meta. Como si no tuviéramos suficientes.

y ¿ahora qué? ¿Me llena la satisfacción de hacer mil cosas?

Es alucinante cómo te llega a través del móvil información que a ti te interesa. Da igual si te gusta restaurar muebles o buscar setas, el estímulo de tu agrado siempre aparece y tu atención se engancha a esos estímulos que vienen de todos los lados.

Sin darte cuenta te ves que has comprado un curso online y un kit de restauración, pero sin embargo no tienes ni tiempo ni espacio en casa para otro mueble. Así que te pones otra meta: cambiar la distribución de tu casa para que puedas empezar la restauración.

De verdad, que tanta exigencia, tanta meta, es agotador para ti y tu cerebro.

Y lo peor de todo, cuando consigues tu meta, apenas tienes tiempo para disfrutarla porque ya estás pensando en la siguiente y no disfrutas de la satisfacción de lo conseguido.

El gran problema del y ¿ahora qué? es que nos hemos acostumbrado tanto a vivir orientados al futuro que hemos olvidado cómo habitar el presente.

La mentira de las redes sociales

Esto se agrava con las redes sociales. Se ha creado una especie de competición de quién es el más molón. Da igual la disciplina, todos queremos ser molones.

Todo el mundo quiere enseñar sus logros, sus maravillosos  planes de fin de semana, sus cafés junto a una gran puesta de sol aunque luego, al beberlo, sean incapaces de saborear la espuma de la leche en sus labios.

Hace muchos años, cuando empezaban las redes sociales, recuerdo que estaba cenando sola en un restaurante japonés en Madrid. Al día siguiente tenía que impartir un curso en el Colegio Oficial de Psicólogos, así que decidí viajar la tarde de antes para evitar las prisas de coger un tren a primera hora.

En la mesa de al lado una chica estaba llorando. Su cara reflejaba mucho dolor.

Iba a preguntarle si podía hacer algo por ella y no me dio tiempo porque se levantó y fue al baño.

Al rato volvió y se veía totalmente distinta. Se había maquillado y sacó su móvil.

Empezó a hacerse selfis para colgar en redes sociales, con su mejor sonrisa acompañada de un rico sushi.

Parecía otra persona.

Cuando dejó el móvil sobre la mesa, sus lágrimas volvieron a cubrir su cara, esta vez con carriles de máscara de pestañas.

y ¿ahora qué? me pasa cuando dejo el móvil

En ese momento fue cuando me di cuenta de la mentira que vendría con las redes sociales y cómo íbamos a perder el ser  auténticos. Los filtros y la búsqueda de me gustas rellenarían falsamente el vacío. Necesitando cada vez más de los demás para estar cómodos con nosotros mismos. Y es que a penas sabemos estar para nosotros, porque cuando nos quedamos a solas, no encontramos calma mental, solo vemos pensamientos de todo tipo que nos acercan a nuestras  sombras.

Cuando dejamos de ser nosotros mismos, conectamos con el vacío.

¿Y sabéis qué pasa?

Que el ser humano necesita sentirse auténtico. Mostrarse tal cual es. Sin disfraces. Sin tener que hacer esfuerzos sociales constantemente para agradar y ser aceptado.

Sin embargo, seguir el ritmo de esta sociedad es agotador. Muchas veces pasamos años interpretando papeles.

El profesional competente.

El padre que puede con todo.

La amiga disponible.

La pareja ideal.

Y llega un momento en el que ya no sabemos quiénes somos debajo de todas esas etiquetas. Pero un día el vació existencial  viene a salvarte y te dice, y ¿ahora que?  como le paso a Alberto, o un ¿ para que estoy aquí? cómo le surgió a María.  Quizá tu seas una de esas tantas personas que siente vacío incluso cuando aparentemente todo va bien. Porque el problema no es que falte algo. Es que llevas demasiado tiempo lejos de tí.

Y ¿ahora qué?

Te cuento que  la respuesta no sea conseguir una meta más. No necesitas otro título, otro ascenso, otro proyecto o una agenda más llena. Y quiero hacer un matiz, no digo que hacer un curso, o empezar un proyecto sea algo negativo. El problema aparece cuando lo utilizas para evitar parar, sentirte o escucharte.

Por ello te propongo que hagas algo mucho más sencillo y mucho más difícil al mismo tiempo.

Parar, haz nadismo.

Quedate un día en casa sin hacer nada.

Vuelve a  encontrarte contigo a traves del mindfulness y la meditación. 

Sabes? me encanta hacer terapia pero guiar a mis alumnos en su aprendizaje en la meditación basada en mindfulness me pone los pelos de punta,  cuando les veo reencontrase consigo mismo. Ahí, en ese lugar no hay vacío, hay una sensación de paz, como dicen «de vuelta a casa».

El mindfulness como camino de regreso a ti

meditación cuenco

Si te gustaría que charláramos sobre estas reflexiones y que te guiara en la búsqueda de tu esencia, puedo acompañarte a través de las sesiones que imparto tanto online como presenciales en Alicante.

Cuando un nuevo objetivo se convierte en un intento de llenar un vacío, deja de ser un buen objetivo. Sin embargo, este curso no pretende añadir una obligación más a tu agenda. No es una actividad más para hacer , sino que es un espacio para dejar de hacer durante unos minutos y volver a ti.

Te enseño a parar. Reflexionaremos. Te acompañare semanalmente para que no te pierdas. Te mostraré como encontrar la serenidad y calma mental

Soy Marina García, aquí te dejo mi instagram

@marinagarciapsicodelalma   https://www.instagram.com/marinagarciapsicodelalma/

Si deseas información sobre mi curso online o venir presencial a Alicante puedes dar en este enlace o contactar por whast app o llamada al número +34 663 710 416